Georreferenciar o la importancia de poner los datos en un mapa


  • junio 03, 2020
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Uno de los primeros y más famoso caso de georreferenciación de datos fue el elaborado por el médico John Snow en 1854 para intentar solucionar una epidemia de cólera en Londres. Y es que poner los datos con mucho detalle sobre un mapa tiene múltiples funcionalidades, más allá de ver los datos distribuidos geográficamente. Porque georreferenciar no es hacer un mapa de coropletas, más bien es hacer un mapa de distribución de puntos.

 

El mapa del epidemiólogo inglés es conocido porque con él demostró que el cólera no se transmite por el aire. La historia comienza cuando surgió un brote de cólera en el barrio londinense del Soho. Snow comenzó a anotar las muertes que se producían sobre un plano de la ciudad y pronto pudo demostrar que las muertes se debían a las fuentes donde los residentes acudían para hacer acopio de agua o simplemente para beber. También pudo comprobar que otros residentes de la zona no se infectaban y la razón era que tenían fuentes en sus propios edificios.
Con este sencillo ejercicio John Snow pudo demostrar a la comunidad científica, que poco tiempo antes había rechazado su hipótesis de que el cólera no se transmitía por el aire, la relación entre el agua contaminada y la enfermedad.

 

La visualización de datos a través de un mapa es algo más que una forma bonita de presentar cifras, nos permite analizar la realidad, esa que en ocasiones no vemos con facilidad.

 

Para saber más sobre el mapa de John Snow, aquí o en el libro El arte funcional. Infografía y visualización de la información de Alberto Cairo.